
En el año 582 de nuestra era llovió, lo que la gente denominó, “sangre” sobre Paris. La aterrorizada gente vio en ello una señal celestial y se lanzó con angustia a hacer penitencias, pidiendo perdón por sus pecados. La verdadera causa de este extraño hecho fue el siroco. Este viento a veces sopla desde el Sahara hacia Europa y en aquella ocasión iba cargado de unas finas partículas de arena roja que se encuentran en el desierto, tiñendo de rojo la lluvia que caía sobre la ciudad de Paris.
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