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jueves, 9 de octubre de 2008

SINDROME AMOK


En Psiquiatría, el síndrome Amok consiste en una súbita y espontánea eclosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra locamente, armada, y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a las personas y animales que aparezcan a su paso, hasta que el sujeto es inmovilizado o se suicida. La definición fue dada a conocer por el psiquiatra americano Joseph Westermeyer en 1972. Según los psiquiatras, el ataque homicida salvaje va precedido por lo general de un período de preocupación, pesadumbre y depresión moderada. Tras el ataque, la persona queda exhausta, con una amnesia completa y, eventualmente, acaba suicidándose.

El nombre procede de la palabra malaya meng-âmok, que significa “atacar y matar con ira ciega”, pues fue allí donde fue observado este fenómeno por primera vez. En algunos contextos su aparición se sigue limitando a ciertos espacios geográficos: incluso la Asociación Americana de Psiquiatría la clasificaba hasta hace pocos años como una de las "enfermedades ligadas a fenómenos culturales" y la vinculaba, como en tantos otros casos con el dhat (propio de la India) y el latah (que aparece en el Sureste de Asia y el Pacífico Sur). Sin embargo, se ha descrito en otros ámbitos culturales bajo denominaciones diferentes, como berserk en Escandinavia, cafard en Polinesia, iich’ aa entre los indios navajos, etc. Además, la Criminología caracteriza muchos asesinatos masivos como productos de este síndrome.


En su momento, el amok interesó especialmente a la psiquiatría transcultural y sus comparaciones de cuadros clínicos de diferentes culturas y al debate sobre la universalidad de las nosologías.

domingo, 14 de septiembre de 2008

La simpáticoterapia, lucha contra la depresión

Para combatir la depresión se aconseja la técnica de la simpáticoterapia, ya utilizada por los chinos hace 4.000 años. El tratamiento consiste en cosquillear con el borde de una pluma de gallina la entrada de los orificios nasales hasta provocar estornudos y lagrimeo. La expansión de los pulmones por efecto del estornudo y el desbloqueo de la presión torácica ejercen una acción liberadora de la tristeza o depresión repentina. El lagrimeo supone una descarga emocional que calma la angustia.

Actualmente, algunos terapeutas utilizan utensilios específicos para provocar el estornudo, tales como sondas o varillas flexibles, que se introducen en los orificios nasales.

domingo, 29 de junio de 2008

SINDROME AMOK


En Psiquiatría, el síndrome Amok consiste en una súbita y espontánea eclosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra locamente, armada, y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a las personas y animales que aparezcan a su paso, hasta que el sujeto es inmovilizado o se suicida. La definición fue dada a conocer por el psiquiatra americano Joseph Westermeyer en 1972. Según los psiquiatras, el ataque homicida salvaje va precedido por lo general de un período de preocupación, pesadumbre y depresión moderada. Tras el ataque, la persona queda exhausta, con una amnesia completa y, eventualmente, acaba suicidándose.

El nombre procede de la palabra malaya meng-âmok, que significaatacar y matar con ira ciega”, pues fue allí donde fue observado este fenómeno por primera vez. En algunos contextos su aparición se sigue limitando a ciertos espacios geográficos: incluso la Asociación Americana de Psiquiatría la clasificaba hasta hace pocos años como una de las "enfermedades ligadas a fenómenos culturales" y la vinculaba, como en tantos otros casos con el dhat (propio de la India) y el latah (que aparece en el Sureste de Asia y el Pacífico Sur). Sin embargo, se ha descrito en otros ámbitos culturales bajo denominaciones diferentes, como berserk en Escandinavia, cafard en Polinesia, iich’ aa entre los indios navajos, etc. Además, la Criminología caracteriza muchos asesinatos masivos como productos de este síndrome.

En su momento, el amok interesó especialmente a la psiquiatría transcultural y sus comparaciones de cuadros clínicos de diferentes culturas y al debate sobre la universalidad de las nosologías.

sábado, 5 de abril de 2008

La epidemia invisible: el Malhumor un malestar cronico


El malhumor es un malestar crónico, fruto de una alteración de la química cerebral. Los expertos informan que se conocen los motivos anatómicos y fisiológicos que generan el malhumor. Este se considera un padecimiento con fundamento orgánico, más cercano a la depresión que al mal carácter.



Prolongado en el tiempo, se convierte en un padecimiento muy complejo. Pasa de ser una simple reacción superflua ante un hecho preciso para convertirse en un malestar crónico. Este mal impide disfrutar de la vida, afecta la salud y deteriora relaciones interpersonales. Una epidemia invisible que cada vez cuenta con más pacientes. Los motivos anatómicos y fisiológicos que lo generan se conocen y ya existen tratamientos muy eficaces para combatirlo.

El malhumor es un padecimiento que debe estudiarse desde diferentes frentes por tener causas y consecuencias a nivel psicológico, neuroquímico, endocrino e inmunológico. Esta relacionado con un funcionamiento particular del cerebro y un déficit hormonal.

Producto de una alteración de la química cerebral que repercute en el carácter, los tratamientos con fármacos y psicoterapias resultan muy eficaces.

Científicamente, la disforia (malhumor), es un trastorno del ánimo caracterizado por un estado recurrente de insatisfacción, ansiedad, irritabilidad e inquietud. Estas emociones están ligadas a un neurotransmisor llamado dopamina, asociado a la gratificación y la saciedad. Por eso los tratamientos apuntan a recomponer su equilibrio cuando hay un desarreglo.

Desde el punto de vista químico, el placer depende de dos sustancias (la dopamina y las endorfinas), cuyos niveles son bajos en las personas que tienen malhumor.

Desde el punto de vista psicoanalítico, un malhumorado es alguien que no responde según sus ganas; no está en contacto con su deseo y vive en estado de frustración. Además, vive en un espacio de agresión constante. Siempre se siente atacado o agredido, por lo cual se encierra y se pone a la defensiva.

No todos corren el peligro de caer en las garras del malhumor. Hay sujetos más propensos a sufrir malhumor crónico: los hipersensibles, por vivir siempre en estado de alerta y tensión; los perfeccionistas, por sus agudos niveles de exigencia y su frecuente insatisfacción; los depresivos, por su sentimiento repetido de desaliento; los obsesivos sobre todo aquellos que tienen obsesión por el orden y la simetría y se sienten contrariados y hasta violentos cuando alguien cambia algo de lugar.