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miércoles, 6 de agosto de 2008

TINTORERIAS EN LA ROMA ANTIGUA (fullonicae - tinctoriae)

Posiblemente el trabajo más importante en la industria de la confección romana era el de los encargados de su limpieza, o el de las tintorerías (“fullonicae” en latín). Las tintorerías servían a ciudades enteras, en ellas se hacían tintes, se lavaba y secaba ropa de todo tipo. Las tintorerías (fullonicae), como comprobado en las ruinas de Pompeya, eran a menudo más grandes que otros tipos de negocios, a fin de acomodar el gran equipo necesario, así como atender al gran número de clientes cotidianos. Este tipo de negocio también requería un alto numero de empleados y probablemente que el dueño era uno de los patrones más importantes de la ciudad.

La típica fullonica necesitaba tanques para el lavado, los tintes y el aclarado de la ropa, así como espacio para secar y planchar. La ropa generalmente se lavaba en orina humana o de animales (caballo, camello, …), que era recolectada de los servicios públicos (letrinas) de la ciudad, de vasijas que se encontraban en las esquinas de las calles para que la gente utilizara para aliviar sus necesidades y también posiblemente importada de zonas periféricas. Los “fullones” pisaban y machacaban con los pies la ropa que yacía en las vasijas de lavado con una mezcla de agua y orina. También se recurría a una mezcla de agua y un tipo de tierra o posiblemente arcilla que ayudaba a eliminar los residuos de grasa.

La ropa pasaba a la etapa de secado bajo el sol o al aire libre. Una vez seca la lana era cepillada y cardada con piel de erizo o plantas de la familia de los cardos. La ropa se colocaba entonces en una cesta denominada “viminea cavea” que se colgaba sobre vapores de azufre con el fin de blanquear el tejido. Finalmente se le aplicaba una tierra o arcilla blanca al tejido para blanquearlo aún más. Por ultimo se pasaba por el pressorium (planchado).

Para teñir la ropa, los fullones empleaban pigmentos procedentes de plantas y de algunos tipos de marisco. Después de lavar y teñir la ropa, se aclaraba en tinajones con agua y luego se pasaba al secado. La ropa se colgaba en cuerdas o en estantes en la azotea de la tintorería para secarla al sol. En ciudades con una densa populación, se les permitía a las tintorerías secar un poco de ropa a los lados de la calle.

jueves, 12 de junio de 2008

Historia del Papel Higienico

En la antigua Roma se utilizaba una esponja atada a un palo y sumergida en un recipiente de agua salada que estaba a disposición de los usuarios de las “letrinas”, servicios públicos de la época. Los usuarios compartían la herramienta con la que se "refrescaban".

En 1391 emperadores chinos ordenaron la fabricación de hojas especiales para el baño, de 0,5 x 0,9 m.

Los colonos norteamericanos prefirieron las mazorcas de maíz hasta bien entrado el siglo XVIII. Mientras tanto, en zonas costeras se echaba mano a las conchas marinas, y en islas como Hawai la variante local eran las cortezas de coco.

En algunas zonas rurales eran muy útiles los libros y revistas de todo tipo. Cuando los periódicos se volvieron cosa habitual en los hogares, a principios del siglo XVIII, rápidamente el retrete se hizo su "segunda residencia".

El almanaque del agricultor venía con agujeros para una rápida operación utilitaria y catálogos de grandes almacenes como Sears, no tenían desperdicio.

Pero el público perdió "interés" en los años 30, cuando las tiendas comenzaron a editarlos en papel satinado. Según algunas fuentes fue motivo de queja, nada absorbente y demasiado áspero. Los ricos y poderosos no querían someter sus posteriores a rigores y utilizaban el algodón y el encaje.

Podría decirse que el papel higiénico marca el inicio de una cierta "democratización" del retrete.

En el año1857, el empresario neoyorquino Joseph Gayetti sacó a la venta el "papel terapéutico Gayetti". Se trataba de hojas de papel especial para el baño, aderezadas con humectante y en presentación de 500 por paquete, a 50 centavos, lo que suponía toda una fortuna para la época. El nombre de Gayetti aparecía impreso en cada hoja.

Durante 30 años la industria del papel higiénico no sufrió ningún cambio remarcable hasta la llegada del papel en rollo fabricado por la compañía Scott. Cuando en 1890 la compañía Scott puso en venta el papel higiénico en rollos, le causaba tanta vergüenza aparecer asociada a tal producto que decidió no poner su nombre en el envase. En aquel entonces, intermediarios dieron la cara por la avergonzada compañía.

En 1932 la depresión obliga a los fabricantes a repensar su marketing y la marca Charmin introduce el paquete económico de sólo 4 rollos.

Pero, quizás, el gran reto para la tecnología del papel higiénico fue por largo tiempo el de lograr una fibra más "suave" al tacto. En este sentido, la introducción del papel de dos capas en 1942 por parte de la empresa St. Andrew, en el Reino Unido, fue un avance notable.

La importancia del papel higiénico para el hombre moderno fue reconocida en 1944, cuando el gobierno estadounidense distinguió al fabricante Kimberly-Clark por sus "heroicos esfuerzos" en el suministro del producto a los combatientes durante la II Guerra Mundial.

Hoy los hay de todos los colores, texturas y formatos pero se podría decir que la evolución del banal rollo ha llegado a la cumbre, aunque algunas compañías todavía hacen esfuerzos para actualizar su imagen.

Inventores japoneses amenazan con convertir el rollo de papel higiénico en una especie en vía de extinción con el "inodoro sin papel", un aparato que lava, enjuaga y seca automáticamente las partes íntimas.