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lunes, 12 de mayo de 2008

¿Que comían los romanos?

Los romanos vivían, trabajaban y comían en las calles, con un ruido ensordecedor. Los enormes edificios, de 4 y 5 plantas, tenían en su parte baja comercios. Ya en la antigua roma se servía en puestos callejeros panes planos con olivas. En el imperio romano el pan era comida sólo de ciertas clases sociales. En el año 30 A.C. Roma contaba con 300 panaderías dirigidas por cualificados panaderos griegos. Cerca del año 100 se constituyó la primera asociación de panaderos. La profesión se heredaba de padres a hijos. A medida que pasaban los años el pan iba cobrando cada vez mayor jerarquía en la dieta diaria de los romanos; y en el relato de la sátira del poeta latino Juvenal este asegura que los romanos sólo necesitan "panem et circenses" es decir, pan y circo.



El pueblo romano accionaba obedientemente cuando se les ofrecía circo y se les daba una sportula o cesta granada de pan, aceite y carne de cerdo para pasar el rato en el Coloseum. El pan blanco era más valorado por las clases altas, por lo cual el pan moreno era el que comían pobres y esclavos, y así se lo llamaba "pan plebeius". En la Antigua Roma, ‘ placenta ' y ‘ offa ', eran los términos utilizados para describir la pizza preparada con agua y cebada, el cereal mas utilizado en la epoca.



En Roma, al igual que en nuestros días, existía una serie de productos básicos, como el pan, el vino, la miel, y otros, como el garo o la sal, fundamentales en la elaboración de platos y manjares del arte culinario. De una manera general podríamos decir que el pan era un alimento de ricos y su uso en Roma era bastante reciente (171 a. de C.). El pueblo romano tomaba el puls o pulmentum, especie de pasta compuesta esencialmente de agua y harina, muy semejante a nuestras gachas. Si se diluía con mucha agua era un excelente refresco.



La miel reemplazaba al azúcar, por aquel entonces desconocida. La preferida fue la miel virgen de tomillo sin ahumar. La alimentación romana exigía un gran consumo de sal. Era gris, no refinada, muy importante en las conservas de carne, aceitunas (de las que se hacía un gran consumo) y para impedir que el aceite se espesara.



Un rasgo característico de la cocina romana es el gran uso de las salsas y la condimentación con especias, determinado por la práctica constante de hervir cualquier alimento antes de asarlo, freírlo o cocerlo.

Un capítulo aparte merece el llamado garo o liquamen, líquido que se obtenía prensando en barriles carne de diversos pescados azules: salmones, anguilas, sardinas, sardas, jureles, etc., con la sal. A esto se añadían, según Gargilio Marcial, hierbas olorosas: anís, hinojo, ruda, menta, albahaca, tomillo, etc. El garo se sigue usando muchísimo hoy en la comida vietnamita y se puede adquirir embotellado en cualquier tienda de productos alimenticios orientales.



En Roma se usaba para condimentar y aliñar cualquier comida, para enriquecer su sabor. Para la preparación de salsas se mezclaba con vinagre, o vinos dulces y miel.





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domingo, 11 de mayo de 2008

Roy Bean un juez no como los otros


Roy Bean nació en Mason County, Kentucky alrededor de 1825, aunque algunos documentos sugieren que nació en 1823. Tras asesinar a un lugareño, Roy marchó a California. El 24 de febrero de 1852, Roy fue arrestado tras herir en un duelo a un hombre llamado Collins.
Roy volvió a Nuevo México, donde su hermano Sam había llegado a sheriff. Roy siguió atendiendo el “saloon” de su hermano Sam durante varios años e incrementando sus ingresos mediante el contrabando de armas mejicanas destinadas al Ejército de la Unión durante la Guerra Civil Estadounidense.


Casado y con 5 hijos, Roy mantuvo su familia vendiendo de puerta en puerta madera para encender fuego y leche aguada.

Las autoridades del condado, ansiosas de establecer algún tipo de defensa de las leyes locales, lo nombraron juez de paz del condado de Pecos. Fue elegido en el cargo en 1884 y reelegido muchas veces. Sus métodos para impartir justicia eran arbitrarios y cómicos e inspiraron muchas anécdotas e historias extravagantes. El equipamiento de su juzgado consistía en un revólver, un libro de leyes y su oso mascota.

Al celebrar ceremonias de boda, siempre terminaba la celebración diciendo "Y que Dios se apiade de vuestra alma".

Se cuenta que una vez encontró muerto a un hombre que llevaba una pistola y $40 en el bolsillo... y decidió ponerle al cadáver una multa de $40 por llevar un arma oculta.

Un irlandés fue acusado de asesinar a un obrero chino. Iniciada la sesión, Bean pasaba las páginas de su libro de leyes buscando un precedente legal. Finalmente, agarrando su rifle proclamó, "Caballeros, la ley es muy explícita por lo que se refiere al asesinato de vuestro compañero, pero aquí no se dice nada sobre el asesinato de un Chino. El acusado queda absuelto."

A los mejicanos no les iba mejor: “Bien merecido se lo tuvo el muerto por ponerse delante de una pistola”

Su “saloon” estaba situado cerca del ferrocarril, donde los trenes paraban 10 minutos para repostar, parada que los viajeros aprovechaban para bajar a tomar una cerveza. Un día, apremiado por la marcha del tren, un viajero pagó su cerveza de 30 centavos con un billete de $20. Viendo que no le devolvían el cambio, se impacientó y trató a Bean de ladrón, el cual igualó las cuentas imponiéndole una multa de $19,70 por insultos a la autoridad.

En 1896, Bean organizó un combate del campeonato mundial de boxeo entre Bob Fitzsimmons y Peter Maher en una isla del Río Grande porque los combates de boxeo eran ilegales en Texas. Las noticias deportivas que siguieron difundieron la fama de Bean por los Estados Unidos.

Por años Bean despachó whisky y justicia por igual desde su silla en el porche de su “saloon”. Había conseguido que lo eligieran juez al afirmar que, por haber entrado y salido de la cárcel tan a menudo, se sabía el sistema jurídico al derecho y al revés.

El juez Roy Bean murió pacíficamente en su cama tras una borrachera, el 16 de marzo de 1903. La leyenda posterior aseguraría que fue asesinado en el porche de su “saloon” por un forajido mexicano. Fue enterrado en el Whitehead Museum, en Del Río, Texas.