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lunes, 23 de junio de 2008

¿Se puede “Morir de Risa”?

Se cree que el mitológico profeta griego Calcante murió de risa cuando al llegar el día en que estaba predicha su muerte la profecía no parecía cumplirse.

En el siglo III adC el filósofo griego Crisipo murió de risa después de darle de beber vino a su burro, y ver como el animal intentaba alimentarse con unos higos.

Según algunas fuentes el rey de Burma Nandabayin, en 1599 «se rió hasta morir cuando un mercader italiano que estaba de visita en Burma, le explicó que Venecia era un estado libre que no tenía rey».

Se dice que en 1660, el aristócrata escocés Thomas Urquhart, primer traductor de Rabelais al inglés, murió de risa al enterarse que Carlos II de Inglaterra había ascendido al trono.

En 1782, la señorita Fitzherbert sufrió un ataque de risa mientras presenciaba la obra The Beggar's Opera. Cuando Charles Bannister apareció en escena como Peachum, ella tuvo un ataque de risa incontrolable tan fuerte que la tuvieron que sacar del teatro. Continuó riéndose en forma continua durante toda la noche y falleció al día siguiente por la mañana.

El fenómeno también está registrado en el libro titulado Crazy History donde un adivinador celta había predicho la hora de su muerte. Al igual que en el caso de Calcante, al llegar la hora anunciada y comprobar el adivinador todavía continuaba vivo, se comenzó a reír en forma histérica, eventualmente muriendo de un ataque cardíaco o por asfixia.

El 24 de marzo de 1975 Alex Mitchell, un albañil de 50 años de edad de King's Lynn, Inglaterra, literalmente se murió de risa mientra miraba un episodio de la serie The Goodies. Después de veinticinco minutos de risa continuada, Mitchell finalmente colapsó en el sofá y murió como consecuencia de un ataque cardíaco. Su viuda le envió después una carta a los Goodies agradeciéndoles por haber hecho que los últimos momentos de vida de Mitchell hubieran sido tan agradables.

En 1989, el otorrinolaringólogo danés Ole Bentzen murió viendo A Fish Called Wanda. Su corazón, se estima, alcanzó un ritmo de 250 a 500 latidos por minuto, antes de que sufriera un ataque cardíaco.

En el 2003 Damnoen Saen-um, un vendedor de helados tailandés, se murió de risa mientras dormía a la edad de 52 años. Su esposa lo intentó despertar pero no tuvo éxito, y finalmente tras dos minutos de risa continua expiró. Se cree que murió a consecuencia de un ataque cardíaco o por asfixia.

(Wikipedia)

miércoles, 28 de mayo de 2008

¿Los humanos tenemos alma? ¿Cuánto pesa?


Una curiosa investigación afirma que al morir perdemos +/- 21 gramos y que esto corresponde al alma que se separa de nuestro cuerpo cuando fallecemos. Esta curiosa explicación surgió en 1907 cuando un médico pesó a 6 pacientes agonizantes. El doctor Americano que llevó este experimento acabo se llamaba Dr. Duncan MacDougall. Es de asumir que el Dr. MacDougall sabía que sus pacientes iban a morir y esperaba a que fallecieran de muerte natural. El doctor también pesó a 15 perros en circunstancias similares y afirmó que en el caso de estos animales no hubo pérdida de peso. Con estos resultados reunidos concluyó que el alma tenía peso y que los caninos no la tenían. Pero surgieron los rumores de que podría estar envenenando a perros para confirmar su teoría. Aunque sus resultados como los rumores que surgieron nunca fueron fiables, se comenzó a decir que al morir perdíamos 21 gramos. Los científicos descartan su investigación en este campo debido a alegaciones contradictorias.

viernes, 25 de abril de 2008

¿Los humanos tenemos alma? ¿Cuánto pesa?


Una curiosa investigación afirma que al morir perdemos +/- 21 gramos y que esto corresponde al alma que se separa de nuestro cuerpo cuando fallecemos. Esta curiosa explicación surgió en 1907 cuando un médico pesó a 6 pacientes agonizantes. El doctor Americano que llevó este experimento acabo se llamaba Dr. Duncan MacDougall. Es de asumir que el Dr. MacDougall sabía que sus pacientes iban a morir y esperaba a que fallecieran de muerte natural. El doctor también pesó a 15 perros en circunstancias similares y afirmó que en el caso de estos animales no hubo pérdida de peso. Con estos resultados reunidos concluyó que el alma tenía peso y que los caninos no la tenían. Pero surgieron los rumores de que podría estar envenenando a perros para confirmar su teoría. Aunque sus resultados como los rumores que surgieron nunca fueron fiables, se comenzó a decir que al morir perdíamos 21 gramos. Los científicos descartan su investigación en este campo debido a alegaciones contradictorias.