
No fue una acción de caridad lo que llevó a las autoridades de la policía local a reclutar personal entre hombres que sufrían esta particular enfermedad. Se trataba simplemente de la necesidad de terminar las largas y candentes discusiones entre los fiscales de tránsito y los ofensivos conductores.
Los nuevos y silenciosos oficiales no tienen otra obligación que dirigir el tráfico. Ellos pueden permanecer plácidos y eficientes, concentrados únicamente en hacer su trabajo

Muchos conductores son llamados a comparecer así frente a una corte sin saber bien por qué razón, gracias a los silenciosos policías. Además de todo eso, la innovación de los oficiales sordomudos le puso punto final a la corrupción en materia de infracciones de tránsito.
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Noticia tomada del diario The Teacher Of The Deaf, Vol. 35 (No. 206, Abril 1937), pág. 52. Traducido del inglés por Alejandro Oviedo.
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