
Las catacumbas no son exclusivas de Roma ni de los cristianos, las hay en muchos países mediterráneos. Algunas remontan a mucho antes de la era cristiana, por ejemplo, las que hay en Túnez, Líbano, Egipto, Malta, la antigua Etruria y Nápoles.
En la ciudad de Paris los turistas curiosos pueden recorrer, con un guía, la macabra sucesión de cámaras y galerías, revestidas de calaveras y huesos, hasta un vasto osario, donde yacen los esqueletos

En la actualidad, los huesos están acomodados en forma de "muralla", donde se pueden encontrar placas identificando la procedencia de los huesos e incluso pequeños altares conteniendo epitafios en latín.

Solo cerca de un kilómetro y medio de las catacumbas, de los más de 300 en total, se encuentra abierto al público como una visita "turística"; esto debido al supuesto de que no hace muchos años, las autoridades parisinas descubrieron que en el interior de dichas catacumbas se practicaban rituales siniestros, como misas negras. Existen entradas secretas a lo largo de París, lo que permite, a ciertos individuos, acceder a las catacumbas por medio de las alcantarillas, el metro, etc.
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