miércoles, 3 de septiembre de 2008

Tatuajes y culturas

Los fenicios se tatuaban en la frente.

Los soldados romanos exhibían en el brazo derecho el nombre del Emperador, la fecha de reclutamiento y otros símbolos.

Los antiguos cristianos lo hacían en el brazo y la región palmar.

Herodoto cuenta que Histieo envió a Aristágoras un emisario para decirle que se sublevase contra el rey. Para que no supiese el mensaje, rapó al cero su cabeza marcándole "con puntos y letras". Esperó a que le creciese el pelo y le envió con el simple recado de que al llegar a Mileto pidiese a Aristágoras que le rapase. Así éste pudo leer el mensaje oculto bajo la melena.

El tatuaje en Europa en época medieval podía constituir un atributo o distintivo nobiliario, un signo de identificación de una clase privilegiada pero sin embargo el tatuaje de servidumbre era signo de propiedad, de dependencia, de esclavitud. En algunos casos en España en los siglos XVI y XVII, a los esclavos que eran más rebeldes o conflictivos, se les tatuaba la mejilla para distinguir su condición. Las marcas podían ser una S y un clavo, una flor de lis, una estrella, las aspas de San Andrés, o el nombre de su amo.

Un esquimal que mataba a un enemigo se hacía una o dos rayas azules bajo la nariz y entonces conquistaba el título honorífico de torkrota, es decir de homicida.

Las taizianas, tobas y guaraníes indicaban, tatuándose con líneas especiales que eran vírgenes o casaderas. Los hombres se tatuaban para mostrar su virilidad.

En Oceanía, algunas mujeres se tatuaban sobre la vulva símbolos obscenos.

Las japonesas se tatuaban las manos con signos alusivos a su amante. Si cambiaba de amante, cambiaba los signos.

Las prostitutas árabes se tatuaban flores o cruces en las mejillas y en los brazos.