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martes, 13 de enero de 2009

El rey Hammurabi

Hammurabi reinó aproximadamente de 1792 a 1750 A.C. y antes de subir al trono a la edad de 25 – 30 años había dedicado su vida al estudio de la diplomacia, la milicia y la cultura Amplió su territorio hasta abarcar gran parte de Mesopotamia, entre el Eufrates y el Tigris, e hizo de Babilonia el centro del imperio. Durante su reinado se dedicó a embellecer varias ciudades del imperio, no sólo Babilonia, mandó construir canales, mejorar los sistemas de riego y edificar palacios y templos, con lo que difundió el arte por sus territorios.

Se le veneró durante siglos como creador de las leyes de Babilonia, que subsistieron con pocas modificaciones durante 1000 años y siguieron siendo respetadas durante muchos años más.

sábado, 10 de enero de 2009

El código Hammurabi

El código Hammurabi se derivó de jurisprudencia inscrita en 1750 A.C. sobre una placa de basalto de 2,25 metros de alto que se encuentra en el museo del Louvre en Paris. Es uno de los primeros conjuntos de leyes que se han encontrado y uno de los ejemplos mejor conservados de este tipo de documento de la antigua Mesopotamia y en breves términos se refiere a la conocida frase «ojo por ojo, diente por diente». Escrito en caracteres cuneiformes, símbolos en forma de cuña generalmente hechos sobre arcilla blanda, trataba de múltiples asuntos, desde el robo a las herencias, desde los tratamientos médicos a la adopción. Estas leyes, al igual que sucede con casi todos los códigos en la Antigüedad, son consideradas de origen divino.

Las leyes del código Hammurabi no admiten excusas ni explicaciones en caso de errores o faltas; el Código se ponía a la vista de todos, de modo que nadie pudiera alegar ignorancia de la ley como pretexto. Es preciso recordar, que excepto los escribas y algunos privilegiados casi nadie sabía leer y escribir en aquella época.

viernes, 27 de junio de 2008

Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano,...

Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano,… Era el concepto del Antiguo Testamento, un castigo proporcional al mal causado, tanto en la ley hebraica transmitida a Moisés como en el código de Hammurabi, rey de Babilonia desde 1792 hasta 1750 A.C. Los babilonios tenían toda una gama de castigos que, aunque hoy parezcan inexorables, servían para limitar la venganza personal.

Cortaban los dedos al hijo que golpeaba a su padre y sacaban los ojos al culpable de causar la ceguera a su victima. Los pueblos de la antigüedad no creían en el castigo impuesto por el hombre.

Sin embargo existió una excepción. Por el 2050 A.C., 300 y a lo mejor 750 años antes de Hammurabi y Moisés, respectivamente, el rey sumerio Ur-Nammu promulgó leyes con preceptos con los delitos y castigos.

Estas leyes imponían una escala de las indemnizaciones que debían pagar a sus victimas los causantes de delitos violentos. De esta manera, el que cortara un pie a alguien tendría que pagarle 10 siglos de plata, la multa se convertia de un siglo por romper un hueso, dos tercios de mina de plata por mutilar la nariz,… El código de Ur-Nammu es el primer ejemplo conocido de una multa en especias impuesta en vez de un castigo físico.