miércoles, 8 de octubre de 2008

Las Relaciones Interculturales


Por mucho tiempo, las parejas eran siempre conformadas por personas con la misma educación y provenientes de un mismo grupo social o étnico.

Con la apertura, la globalización, las comunicaciones, las migraciones masivas y muchos otros factores, este hecho ha cambiado y hoy vemos parejas formadas por individuos muy diferentes.

Tal circunstancia no debería representar ningún problema, pero a veces la familia, la sociedad e incluso los propios prejuicios hacen que la situación se complique y que un lindo amor se vea oscurecido por diferencias culturales que van desde la religión hasta la etnia. Estas diferencias se notan mucho en las costumbres de cada persona, pues según de dónde provenga tendrá una educación particular y un sistema de creencias específico bien arraigado.

Cuando esto ocurre, se debe hacer énfasis en el respeto, de hecho no importa qué parecidas sean las personas un amor que no se fundamente en el respeto y en el compartir las diferentes perspectivas está destinado a desaparecer.

En cualquier relación -sea amorosa o no- es fundamental que sepamos respetar al otro, que en lugar de creer que tenemos la verdad absoluta seamos abiertos y logremos la famosa tolerancia que tanta falta está haciendo en estos días. Pero lo más injusto es que muchas veces tales parejas no sobreviven por culpa de presiones externas más que internas. Los amigos de uno no soportan la presencia del otro, los hermanos y los padres opinan y dicen que ese no es para su adorado familiar, sea porque es de otra etnia, porque tiene otra religión o porque tiene otras costumbres.

Para lidiar con esta problemática, la pareja debe tener claro que primero están ellos, que como pareja han decidido estar juntos y que tal decisión depende únicamente de ellos, por lo que no deben aceptar que familiares y amigos afecten su vida personal. Debemos aprender a convivir con gente diferente, las diferencias no deben impedir la relación al contrario la pueden enriquecer, si se sabe manejar.

En el caso de la religión no hay razón para exigir igualdad de creencias. La mayoría de las religiones se fundamentan en el amor y la tolerancia a otros, así que por qué no llevarlo a la práctica y a nuestras relaciones. Si dos personas de credos distintos viven juntas, puede cada uno seguir manteniendo su culto sin que esto afecte las emociones y los bellos momentos de compañía. Incluso se puede aprender de la otra religión, buscar las semejanzas y las diferencias, pero sin enojarse, pues no hay quien pueda decirnos cuál es la religión definitiva o única. Por otro lado, si uno de los dos no tiene religión, pues es aún más fácil. Simplemente, no hay que tratar de convencer a nadie de nada, no convertir ni imponer un criterio, pues no se consigue más que deteriorar la relación.
Ahora bien, una de las clásicas objeciones que se hacen a estas parejas, es que si llegan a formalizar la relación y llegan a tener hijos, los niños tendrán una confusión y ambos querrán que los niños sean criados en su religión y no en la del otro. Esto se puede solucionar con diálogo y respeto.

¿Cómo? Muy simple, al niño se le da acceso a ambas religiones, se le enseñan ambas y cuando él tenga poder de decisión, y la suficiente edad como para comprender y saber qué es lo que quiere, darle la libertad de escoger alguna de las dos o -¿por qué no?- escoger otra. La libertad de culto es tan fundamental como la libertad de expresión.

Por eso no debemos prestar atención a las opiniones de los demás que sólo van a hacer daño, y si queremos estar con una persona, nada debe impedirlo, ni las diferencias económicas, religiosas, políticas o culturales. Qué importa que comamos diferente, que hablemos otro idioma o que celebremos diferentes fiestas, al fin y al cabo aunque fuera una persona con una educación similar y proveniente del mismo grupo cultural, inevitablemente surgirán diferencias porque el ser humano es muy diverso y hay tantas opiniones como cabezas.
Así que si basa su relación de pareja en el respeto y la comunicación no hay razón por la cual existan más problemas de los que una pareja común pueda tener. No le ponga fronteras o límites al amor, que él no entiende de culturas ni de etnias.