lunes, 27 de octubre de 2008

Criminales inaptos

Cuando Zachereya McGrew de 23 años descubrió que los altavoces de su coche habían desaparecido, calculó que él sabía quien se los había robado, un adolescente de la vecindad de Wichita, Kansas, y decidió que se lo iba hacer pagar.

El adolescente estaba en el jardín delantero de su domicilio cuando un Toyota blanco de cuatro puertas se paró delante de él. McGrew saltó a la calle desde asiento trasero, le pidió al joven que se subiera al coche y que le llevara al lugar donde se encontraban sus altavoces, cosa que el muchacho aterrorizado se negó a hacer. Entonces McGrew sacó un arma de su cinturilla (un arma robada, que había conseguido en un comercio durante la compra de su pitbull). En ese momento, el adolescente salió corriendo y McGrew le disparó por lo menos dos tiros, fallando el blanco.

Cuando el muchacho estaba fuera de vista, McGrew colocó el arma nuevamente en su cinturilla. Quizá hurgó en sus pantalones que habían comenzado a ceder, o quizá era un entusiasmo nervioso, pero el dedo de McGrew apretó el gatillo y se metió un tiro perfecto en el testículo izquierdo. Esto hubiera hecho retroceder a otra persona, pero no a McGrew, que nuevamente se disparó enviando otra bala a la pantorrilla izquierda.

Sus dos amigos, que se encontraban con él en el coche, lo condujeron inmediatamente al hospital, en donde McGrew se arrastró, gritando de dolores. Inmediatamente llamaron a la policía que trató de dar un sentido a la declaración entre sollozos de McGrew. Al principio explicó a las autoridades que un hombre hispánico desconocido le había disparado en la ingle y luego en la pierna. Pero finalmente confesó que el daño producido en sus partes privadas y a su persona se las había infligido él mismo.McGrew se declaró culpable de agresión a mano armada.